Marcela Carvajal comprometida con la niñez Colombiana

Tras ver el impacto que ha tenido en el público la incursión de la actriz en el diseño de modas y el negocio del e-commerce, con el lanzamiento de su tercera colección, decidió que era tiempo de, a tráves de su imagen y este portal web, apoyar a uno de los segmentos de la población más vulnerable y desprotegida de nuestro país, los niños.

Por ello tomó la decisión de donar el 50% del valor total de la venta de sus camisetas # Tratemos a los niños con amor y respeto, eslogan que se encuentra estampado en 2 modelos de camisetas para niños y jóvenes, a la fundación Hogar San Mauricio, una institución que trabaja desde la primera infancia interiorizando en el niño con respecto a su proyección en el futuro y brindando capacitación especifica a medida que los niños van creciendo y van requiriendo mayor orientación, vinculando a los preadolescentes y jóvenes en prácticas asociadas a sus intereses, promoviendo sus estudios con el apoyo del voluntariado y apoyando la generación de experiencia laboral en los jóvenes mayores de 18.


Marcela espera, dar a conocer sus diseños de manera global y por qué no crear a futuro su propia línea de producto, para poder continuar apoyando niños y jóvenes atráves de su campaña # Tratemos a los niños con amor y respeto.
 
Marcela Carvajal invitada especial del Festival internacional de Cine en Roma

La actriz participará en la versión número VI del festival internacional de cine en Roma del 27 de octubre al 4 de noviembre representando a Colombia, con la película Locos dirigida por Harold Trompetero.

Marcela personifica a Carolina una mujer que se viste de monja y nunca suelta su celular. Lleva un dedo constantemente en la boca, a la manera de un bebé. Se mira fijamente en el espejo y se da besos. Se cepilla los dientes hasta sangrar. Su mundo es cuadriculado y difuso… y nunca pasa nada.

Es rubia, glamorosa y sus ojos son de un verde indescifrable. La clase se le nota en cualquier movimiento. Pero ahora se ha convertido en demente y asesina… una loca de atar.

Hasta que al sanatorio mental donde está recluida, llega Eduardo, un pintor de brocha gorda que jamás podría aspirar ni a la belleza ni a la aristocracia de Carolina. Sin embargo, el destino, el encierro, las circunstancias, hacen que ambos se enamoren… locamente.